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El Mochuelo, territorio de biodiversidad en el sur de La Sabana

Por: Angélica Trejos
Publicado el: November 2019
Mochuelo, territorio de biodiversidad

En Entérate dedicaremos este espacio para hablar de la fauna y la flora de este paraje fértil de la capital

El Mochuelo alto y bajo son dos veredas que hacen parte de la localidad de Ciudad Bolívar en el sur de Bogotá. Su nombre hace honor a un ave rapaz nocturna, parecida al búho, de unos 20 centímetros de altura, con cabeza achatada y un plumaje suave de color castaño grisáceo y manchas blancas, sobre todo en el vientre.

En Entérate dedicaremos este espacio para hablar de la fauna y la flora de este paraje fértil de la capital.

El Mochuelo o Athene Noctua, es una pequeña, simpática y carismática ave nocturna que por años habitó los campos de esta zona aledaña al relleno sanitario, sin embargo, es poco común observarla. Según el biólogo de la Uaesp, Óscar Pinto, no se ha logrado suficiente evidencia que permita establecer la supervivencia del ave en estas comunidades. 

Factores como la deforestación, la ganadería y la agricultura han intervenido el suelo y alterado los ecosistemas de esta especie. 

Aun así, un equipo de la Uaesp quiso explorar el territorio al internarse en el cerro El Gavilán que une a los Mochuelos por el costado oriental donde habitan hermosas especies de fauna y flora.

Durante este recorrido algunas aves aparecieron con el amanecer característico de esta sección rural: la Synalaxis Subpudica, la única endémica que aún habita la zona. No se quedaron atrás las Garzas, secundando el pastoreo de las vacas para ir tras los insectos atraídos por el calor de sus grandes cuerpos.

Con el paso de las horas hicieron su aparición otras más generalistas como las Mirlas, Palomas, Torcazas, Copetones, Tángaras, Gavilanes y ésta la (xxxxxx), que coloreó la mañana con su plumaje variopinto.

La sorpresa la dio la Anadia Bogotensis, una especie de lagarto, propio de la Cordillera Oriental del país, de acuerdo con el experto.

La variada flora es otra de las señales evidentes de la vida que emerge en la zona de protección ambiental del relleno.

Especies como el Encenillo que crece más allá de los 2.900 metros sobre el nivel del mar, la Uva Caimarona, las Tomatacias, Lorastacias o “Pajarito” y árboles frutales típicos del subpáramo como las Helicacias abundan gracias al milagro de la supervivencia del mismo Bosque Andino Seco y esfuerzos como el de la administración distrital por preservar, mediante la adquisición de predios, el recurso hídrico de la región y la biodiversidad que lo circunda.
 

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